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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Hotel Kasbah Xaluca (Erfoud, Marruecos)



Si alguna vez visitas Marruecos y haces un tour por el país, no puedes dejar de visitar Erfoud, una ciudad de Marruecos situada en un inmenso oasis que también se conoce como la puerta del desierto. Allí encontramos un hotel con encanto, que si bien no es apto para todos los bolsillos (los precios van de 70 a 260 Euros la noche),  merece la pena visitarlo y abandonarse a los placeres de este lugar peculiar.

Hablo del Hotel Kasbah Xaluca, propiedad de un catalán y un beduino, que goza de todas las comodidades para disfrutar de este espléndido hotel cuya escenografía está totalmente integrada con el paisaje que lo rodea. El hotel está construido en adobe, con la técnica tradicional marroquí y consta de 134 habitaciones.

En el Hotel Kasbah Xaluca, te puedes relajar en su cálido hamman (baño árabe) o abandonarte a los placeres de un buen masaje. Las habitaciones son bastante amplias decoradas con el mobiliario del país, con elegantes y coloridas telas, con unas camas generosas y unos baños sofisticados. El personal del hotel siempre está dispuesto a colaborar para que las vacaciones se conviertan en un sueño  inolvidable.

Si visitas Erfoud durante el mes de octubre, disfrutarás de la fiesta de los dátiles. Es una festividad de tres días de duración, en la que se celebra el fin de la cosecha con bailes folclóricos y coloridos en los alrededores de Er-Rachidía. Esta celebración es muy importante para los habitantes de la zona, ya que con las ganancias de esta recolección, las familias comprarán los alimentos básicos para un año. Es una fiesta memorable, un ritual donde se mezcla lo religioso y lo profano.

En Erfoud se pueden visitar los pueblos bereberes que parecen de otro tiempo. Hay excursiones en 4X4 a través del desierto muy interesantes. Otra de las experiencias que no te puedes perder es el traslado hasta las jaimas como las que utilizan los nómadas del desierto, a lomos de un dromedario en las arenas de Erg Ghebi. Aunque pueda parecer toda una aventura, la experiencia no resulta dura, pues comienza con una cena rica en especias al ritmo de los tambores, luego se descansa en unas camas con edredones nórdicos para después finalizar viendo el amanecer en el Sáhara desde lo alto de una duna. Para terminar el programa, te das una ducha y desayunas como un rey en un albergue cercano. ¿Qué más se puede pedir?

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